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2 de septiembre de 2021

El líder talibán Haibatullah Akhundzada encabezará el Gobierno de Afganistán

El movimiento concluyó las consultas para formar un nuevo gobierno y los resultados se anunciarán el próximo 3 de septiembre. Trascendieron algunos nombres que podrían complicar las relaciones con Washington.

Los talibanes prometieron no vengarse de quienes trabajaron para el Gobierno anterior y se mostraron con una imagen de "moderación". Deben volver a poner en marcha la economía, devastada por la guerra, lo que depende principalmente de la ayuda internacionLos talibanes prometieron no vengarse de quienes trabajaron para el Gobierno anterior y se mostraron con una imagen de "moderación". Deben volver a poner en marcha la economía, devastada por la guerra, lo que depende principalmente de la ayuda internacion
Haibatullah Akhundzada, líder del movimiento talibán que tomó la capital de Afganistán el pasado 15 de agosto, encabezará el gabinete afgano, informaron este miércoles altas fuentes de la milicia radical.

"Él (Akhundzada) será el líder del gobierno, no debe caber ninguna duda al respecto", dijo el miembro de la comisión de cultura de los talibanes, Anamullah Samangan, citado por el canal de televisión Tolo News.

El martes, una fuente en la comisión militar del talibán comunicó que el movimiento concluyó las consultas para formar un nuevo gobierno y los resultados se anunciarán el próximo 3 de septiembre, informó el portal ruso de noticias Sputnik.

Otra fuente precisó en un comentario de Tolo News que el mullah Abdyl Ghani Baradar, cofundador de la organización, se desempeñará como canciller, mientras que el mullah Yaqoob, hijo del fundador de los talibanes, mullah Omar, será designado como ministro de Defensa.

En tanto, Khalifa Haqqani, hijo de Jalaluddin Haqqani –fundador de la facción extremista del movimiento talibán por cuya cabeza Washington ofrece cinco millones de dólares como recompensa– ocupará el cargo de ministro del Interior.

La milicia esperaba para anunciar la composición de su Gobierno a que los últimos soldados extranjeros abandonaran el país, lo que ocurrió el lunes poco antes de la medianoche, con la partida de militares estadounidenses.

Esta retirada, que el presidente estadounidense, Joe Biden, defendió firmemente en un discurso, puso fin a una guerra de 20 años desencadenada por la intervención de una coalición internacional liderada por Estados Unidos para expulsar a los talibanes del poder tras los atentados del 11-S.

El grupo islamista expresó su deseo de formar un "Gobierno representativo", una promesa cuyo cumplimiento o incumplimiento será para la comunidad internacional una primera señal de cuánta confianza se puede depositar en ellos.

El nombramiento Haqqani podría complicar las relaciones con Washington.

Haibatullah Akhundzada, líder del movimiento talibán que tomó la capital de Afganistán el pasado 15 de agosto, encabezará el gabinete afgano.Haibatullah Akhundzada, líder del movimiento talibán que tomó la capital de Afganistán el pasado 15 de agosto, encabezará el gabinete afgano.

Desde que tomaron el poder tras una campaña militar que sorprendió por su rapidez y eficacia, los talibanes han intentado presentar una imagen de apertura y moderación, pero muchos afganos y líderes extranjeros no creen en sus promesas y temen que se repita el régimen fundamentalista que pusieron en práctica en su anterior Gobierno (1996-2001), especialmente represivo con los derechos de las mujeres.

Reporteros Sin Fronteras (RSF) señaló que, de las 700 mujeres que ejercían el periodismo en 2020, ya solo quedan menos de 100 en el país.

Muchos líderes del mundo advirtieron que juzgarán a los nuevos gobernantes por sus actos.

Washington dijo estar dispuesto a "trabajar" con los talibanes, pero el Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, advirtió que primero "hay que ganarse la legitimidad y el apoyo".

Por su parte, el principal portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, aseguró que la milicia quiere "buenas relaciones con Estados Unidos y el mundo".

Terrorismo internacional

Entre las principales advertencias de la comunidad internacional a los radicales islámicos está que no conviertan su territorio en un santuario para el terrorismo internacional, como ya ocurrió con Al Qaeda durante su primer Gobierno.

Este grupo islamista felicitó a los talibanes por su victoria en un mensaje que celebró "la debacle de Estados Unidos y la OTAN, que marca el principio del fin de la siniestra hegemonía occidental".

Los talibanes desfilaron en Kandahar a bordo de vehículos militares, entre ellos muchos Humvees tomados a los estadounidenses, a la OTAN y al antiguo Gobierno en el campo de batalla.

Muchos de los vehículos enarbolaban la bandera blanca con inscripciones negras de los talibanes, según señalaron testigos citados por la agencia de noticias AFP.

Los islamistas, que prometieron no vengarse de quienes trabajaron para el Gobierno anterior, deben volver a poner en marcha la economía, devastada por la guerra y que depende principalmente de la ayuda internacional, gran parte de la cual está congelada.

Su reto más urgente será encontrar los fondos para pagar los salarios de los funcionarios y mantener en funcionamiento las infraestructuras vitales (agua, electricidad, comunicaciones).

Inminente catástrofe humanitaria

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió de una inminente "catástrofe humanitaria" en Afganistán y de un "colapso total de los servicios básicos", por lo que pidió fondos para el país.

Desde la Casa Blanca, Biden dijo que la retirada de las tropas de Afganistán fue "la mejor decisión para Estados Unidos".

"Esta es la decisión correcta. Una decisión sabia. Y la mejor decisión para Estados Unidos", señaló.

Biden está siendo muy criticado en su país y muchos estadounidenses se preguntan de qué sirvieron las dos décadas de guerra en Afganistán.

Más combates en el valle del Panjshir, último bastión de la resistencia contra los talibanes

Dos días después de la retirada estadounidense de Afganistán, los talibanes instaron a los combatientes en el valle de Panjshir, uno de los últimos focos de resistencia al nuevo régimen, que depongan las armas para evitar una guerra sangrienta, luego de registrarse los primeros combates.

"Hermanos míos, hemos hecho todo lo posible para resolver el problema del Panjshir mediante conversaciones y negociaciones, pero lamentablemente ha sido en vano", señaló el alto funcionario talibán Amir Khan Muttaqi en un mensaje de audio en la red Twitter dirigido a los resistentes afganos del valle.

"Ahora que las conversaciones han fracasado y los muyahidines (talibanes) rodean Panjshir, aún hay gente (en el valle) que no quiere resolver los problemas pacíficamente", continuó el responsable.

"Les toca a ustedes hablarles. A aquellos que quieran luchar, díganles que ya es suficiente", añadió, informó la agencia de noticias AFP.

Panjshir, un feudo antitalibán de larga data, es un valle remoto y de muy difícil acceso, ubicado en medio de las montañas Hindu Kush, cuyo extremo sur se encuentra a unos 80 kilómetros al norte de Kabul, por lo que nunca fue capturado por las fuerzas invasoras soviéticas en 1979 ni por los talibanes durante su anterior Gobierno, entre 1996 y 2001.

La oposición armada está organizada alrededor del Frente Nacional de Resistencia (FNR), liderado por Ahmad Masud, hijo del comandante Ahmed Shá Masud, asesinado en 2001 por la red Al Qaida. Amrulá Salé, vicepresidente del gobierno derrocado, también se encuentra refugiado allí.

Integrado por combatientes de milicias antitalibanas y exmiembros de las fuerzas de seguridad afganas, el movimiento se comprometió a resistir toda ofensiva de los nuevos dirigentes del país y simultáneamente dejar las puertas abiertas a la negociación, si los islamistas ponen punto final a sus ofensivas.

Una semana atrás, el líder de un movimiento de resistencia a los talibanes prometió no rendirse nunca, aunque reiteró que está abierto a negociar con los nuevos gobernantes de Afganistán.

Masoud insistió en que estaba abierto a hablar con los talibanes y expuso las líneas generales de un posible acuerdo: "Podemos hablar. En todas las guerras hay conversaciones. Y mi padre siempre habló con sus enemigos", dijo.

"Imaginemos que los talibanes acepten respetar los derechos de las mujeres, de las minorías, la democracia, los principios de una sociedad abierta", añadió. "¿Por qué no intentar explicarles que estos principios beneficiarían a todos los afganos, incluidos ellos?", preguntó.

Sin embargo, Amir Jan Mutaqi, uno de los líderes talibanes, indicó que las conversaciones con los líderes tribales fracasaron, por lo que volvió a llamar a la población de la zona para que "se unan al Emirato Islámico".

El lunes de noche, cuando el último avión militar estadounidense estaba por despegar desde el aeropuerto de Kabul, se registró una nueva ofensiva talibana contra el valle del Panjshir, de acuerdo a miembros de la resistencia y habitantes de la región.

Los talibanes no comentaron nada respecto a este ataque, que según los habitantes de la región se desarrolló en varios frentes, inclusive en el puerto de montaña de Khawak, al oeste y al sur, informó la agencia francesa.

Otra ofensiva habría tenido lugar el martes de noche, de acuerdo a Bismila Mohamadi, exministro de Defensa. En total, 34 talibanes resultaron muertos y otros 65 heridos, según informó.

En estas últimas semanas, los talibanes enviaron centenares de hombres a zonas de los alrededores del Panjshir, aunque afirmaban que preferían negociar en vez de combatir.

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