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17 de febrero de 2019

Matías Bagnato, a 25 años de la masacre de su familia: "Aún siento el olor del incendio"

Un sujeto, condenado hace poco a prisión perpetua, quemó su casa en 1994 y mató a sus padres, a dos hermanos y a un amigo. Sólo sobrevivió él. Estremecedor mano a mano con Crónica.

Por María Helena Ripetta
mripetta@cronica.com.ar

Le faltaba el oxígeno, se asomó a la ventana de su cuarto en el primer piso, un vecino le gritó: "Saltá, prendieron fuego la casa". Era la madrugada del 17 de febrero de 1994. Matías Bagnato, que tenía 16 años, fue el único sobreviviente de "La masacre de Flores". Adentro estaban su papá, José Bagnato (42), que intentó arrancar una reja para salvar a su familia; su mamá, Alicia Plaza (40) que fue encontrada en el baño tratando de proteger a uno de sus hijos; sus hermanos Alejandro (9) y Fernando (14); y un amigo, Nicolás Borda (11). Su abuela, Norma Calzaretta, también vivía con la familia, pero se salvó porque había viajado a Mar del Plata. Por los crímenes fue condenado a prisión perpetua Fructuoso álvarez González. "Van a morir quemados", amenazaba por teléfono al padre por el reclamo de una supuesta deuda. Aquel día los vecinos lo vieron cerca de la casa con un bidón.

"Pasaron 25 años, yo tengo la edad de mis viejos cuando los mató, yo pensaba que ellos eran grandes y ahora pienso que no vivieron nada. Mi abuela tiene 90 años, este último año ya no podía hacer casi nada sola, y me decía: Si estuviera tu mamá no tendrías que hacer esto. Hace 15 días está en un geriátrico porque no la podía dejar un segundo sola, ella misma me pidió que no hipoteque mi vida. Fue una decisión muy difícil para mí. Está a media cuadra de casa, la veo todos los días y ella me dice: Quedate tranquilo, si pasa algo que no me gusta, me vengo despacito para acá", dice a Crónica Matías, que en la Plaza Simón Bolívar de Flores estará presente cuando se coloque una placa en homenaje a su familia. "Ahí íbamos de chicos", cuenta.

"Mi abuela es el pilar de mi vida. Yo sentí y siento la ausencia de mis viejos y mis hermanos, pero nunca tuve miedo a estar solo, siempre estaba mi abuela atrás mío. Ella se puso muy viejita y se revirtieron los roles. Siempre vivimos en el mismo edificio, pero luego me la llevé a vivir conmigo. No me animaba a dejarla ni un minuto sola", sostiene Matías, que en 2010 recibió amenazas del condenado. "Antes de esa fecha podía tener algunos recuerdos alegres. Desde que me amenazó hasta ahora siempre hay algo. Hace 9 años que espero decisiones judiciales a recursos que él presenta. Es agotador. En diciembre pidió la libertad condicional. Tiene que cumplir con muchos requisitos. Pido que sea como en el caso de Robledo Puch, que se entienda que es un peligro largarlo", considera Matías, que agrega: "Aún siento el olor del incendio". Guarda algunas cosas que pudo rescatar de la casa, unas pocas fotos que sobrevivieron al fuego. una camiseta de San Lorenzo de su hermano, el celular "tipo ladrillo" de su mamá, algunas agendas, un casete del contestador con la voz de su mamá y su hermanito. "Lo escucho seguido. La voz de mi viejo y de Fer ya no las puedo recordar", concluye.

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